Un nuevo descubrimiento abre la vía a desarrollar más terapias para la ELA

por | Oct 23, 2020 | Investigación

La ELA se caracteriza por la desaparición de una manera altamente específica de un solo tipo celular, las motoneuronas. Estas motoneuronas son las encargadas dentro del sistema nervioso de llevar las órdenes de contracción adecuadas para que un cuerpo se mueva. Pero la desaparición de manera específica de las motoneuronas no quiere decir que sean las únicas células del sistema nervioso que intervienen en el desarrollo de la enfermedad.

Las motoneuronas cumplen con su función gracias al trabajo especializado de otros tipos celulares que las acompañan y ayudan. Algunas de estas células colaboradoras son las células de la microglía, los astrocitos y los macrófagos. Las células de la microglía y los macrófagos son componentes del sistema inmune. Ambos tipos celulares ayudan a la eliminación de patógenos del cuerpo. La microglía en el sistema nervioso central y los macrófagos en el resto del cuerpo.

Una característica peculiar de las motoneuronas es que en la zona que se llama “soma”, donde está el núcleo y la mayoría de los orgánulos de la célula, se rodea de microglía. Pero la parte del axón, que es lo que se extiende hasta contactar con el músculo, se rodea de macrófagos. Y aunque se había podido determinar que la microglía es importante en el desarrollo de la enfermedad, no estaba claro el caso de los macrófagos. En un reciente artículo muestran resultados que arrojan luz en este aspecto.

En este proyecto han podido observar de manera específica que los macrófagos se activan a lo largo de los axones en casos de ELA. Esto lo han comprobado tanto en modelos animales como en pacientes. Esta activación es además progresiva según avanza la enfermedad.

Pero no está clara la capacidad de los macrófagos para afectar a la ELA desde la zona periférica de las motoneuronas. Este grupo consiguió sustituir macrófagos en los ratones con mutaciones en el gen SOD1. Estos ratones desarrollan síntomas equivalentes a la ELA humana y son un buen modelo de estudio. Los nuevos macrófagos que les pusieron no tenían este gen mutado y con menos agentes oxidativos. Según sus resultados, esta sustitución provocaba una disminución de la patología tanto periférica como central.

Según los resultados que obtienen, modificar los macrófagos puede ralentizar el progreso de la enfermedad, pero no en cualquier momento. El mejor efecto lo observan cuando sustituyen los macrófagos en el momento de la aparición de los síntomas de la enfermedad.

Como conclusión, en este estudio ven un descenso en la inflamación tanto en los nervios periféricos como en el sistema central al modificar los macrófagos. Y ven que los macrófagos periféricos pueden influir en la progresión de la enfermedad y la supervivencia en estos ratones modelo. Por lo tanto, han visto por primera vez que modificar los macrófagos fuera del sistema nervioso central podría ser una vía terapéutica contra la ELA.

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