Estudiando las neuronas desde la piel

por | Ene 24, 2020 | Investigación | 0 Comentarios

Para avanzar en la investigación biomédica es esencial el uso de modelos. Y los modelos deben ser baratos, que ocupen poco espacio, que tarden poco en crecer y que permitan observar resultados razonablemente rápido. Los elefantes por ejemplo serían muy poco recomendables como modelo de investigación.

Hoy día hay modelos de investigación en el laboratorio muy variados, pero que se pueden agrupar en dos conjuntos: Los modelos animales y los modelos “in vitro”. De los primeros, los más conocidos y usados son los ratones (Mus musculus) y la mosca del vinagre (Drosophila melanogaster). Llevan usándose desde hace más de 100 años y esto ha permitido conocerlos muy bien y afinar su uso en los laboratorios. De los modelos “in vitro”, son muy útiles los cultivos celulares y de estos queremos hablar.

El usar cultivos celulares permite hacer muchos experimentos de una manera muy rápida y barata. Mucho más que trabajando con animales modelo. Aunque no den la información de lo que sucedería en un organismo completo, donde se dan múltiples interacciones complejas al mismo tiempo, permiten avanzar en la investigación preclínica muy eficientemente.

¿Son todos los cultivos celulares iguales? Para nada. En el cuerpo hay muchos tipos de células y son sometidas a una serie de tratamientos para mantenerlas vivas y creciendo en una placa. En un cultivo de células, las características que tiene dependerán de cual es su origen y como se procesan. Así que, dependiendo que qué se quiera estudiar, el uso de un tipo de célula u otro tiene que elegirse con cuidado.

La ELA es una enfermedad que afecta a las motoneuronas así que lo más lógico sería usar ese mismo tipo de célula para entender que pasa en la enfermedad. El problema es que no resulta conveniente ni fácil el obtenerlas de los propios pacientes directamente. Así que hay que tratar de buscar otro tipo de células que sean más abundantes y fáciles de obtener.

Se han usado durante bastante tiempo líneas de células inmortalizadas o las Células Madre Pluripotente Inducida (IPSC, según sus siglas en inglés). Estas últimas son células que provienen de diferentes partes del cuerpo y ya tienen una identidad concreta. Después de someterlas a un tratamiento, se consigue que pierdan su identidad y pasan a ser como las Células Madre propias del cuerpo. A continuación, estas células son nuevamente sometidas a un tratamiento y se transforman en motoneuronas sobre las que experimentar.

Recientemente, las células de la dermis que se llaman fibroblastos han sido usadas directamente como modelo para el estudio de diversas enfermedades. Sin tener que recurrir a estos procesos. Esto despierta la duda de si unas células de la piel pueden mostrar las principales características de la degeneración de las motoneuronas.

En un estudio que han realizado en el IDIVAL (Cantabria) han analizado si los cultivos de fibroblastos obtenidos de pacientes con ELA reproducen los problemas que se observan en las motoneuronas. En los datos que han publicado, observan que sí reproducen ciertos problemas que se asocian en las motoneuronas a su degeneración.

Los investigadores han observado como estas células que obtienen de pacientes tienen una proliferación reducida, menor tamaño. Además, recapitulan uno de los principales problemas asociados a la ELA; producen agregados de la proteína TDP-43. Tal y como sucede en las motoneuronas de pacientes con ELA, se acumula en el citoplasma y disminuye en el núcleo que es donde tiene que estar. También han encontrado que estas células, igual que se observa en motoneuronas, acumulan más daños en el ADN porque les fallan los mecanismos de reparación.

En base a estos resultados, los cultivos celulares creados a partir de fibroblastos de enfermos de ELA podrían ser un modelo celular inicial muy útil. Su uso estaría aconsejado para contrastar hipótesis sobre mecanismos patogénicos y avanzar en el descubrimiento de dianas terapéuticas.

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