El procesado de metales en la infancia y juventud deja una marca que podrían indicar más probabilidad de desarrollar ELA

por | Jun 3, 2020 | Investigación

El diagnóstico de la ELA es realmente complicado ya que no hay síntomas exclusivos de esta enfermedad ni biomarcadores adecuados. Y si es difícil confirmar que ya se tiene ELA, predecir quien la desarrollará parece mucho más complicado. En una reciente publicación de un grupo de investigadores del hospital Mount Sinai de Nueva York y la Universidad de Michigan afirman haber detectado biomarcadores de riesgo muy tempranos.

Durante la infancia y adolescencia, los dientes definitivos de los humanos van creciendo de manera similar a como lo hacen los árboles, dejando unos anillos de crecimiento. De esta manera, se pueden ver cambios en la composición de los dientes y saber a que edad se produjeron.

Estos investigadores han comparado la composición de metales de los dientes de enfermos de ELA y de personas sin ELA buscando biomarcadores. Lo sorprendente de sus resultados es que detectan diferencias en los anillos durante infancia y adolescencia. En concreto, lo que han visto es que los dientes de enfermos de ELA presentan de media unos mayores niveles de diversos metales.

Es importante recalcar que son observaciones en la media de los datos. No todos enfermos de ELA tenían estos niveles elevados de metales en sus dientes y también había dientes de individuos sanos con los niveles elevados.

Los niveles de metales elevados, además, parecen corresponderse según cada metal a una cierta edad. Por ejemplo, el zinc y el plomo presentan picos entre los 5 y los 12 años de edad. En cambio, el cobre y el bario tienen un pico entre los 13 y los 15 años.

Además, han podido observar que en modelos de ratón con el gen SOD1 mutado también aparecen mayores cantidades de metales en los dientes. En estos ratones pudieron ver como la distribución de metales en el cerebro también se alteraba.

En conjunto, parece que los desequilibrios en el procesamiento de los metales presentes en el medio ambiente podrían ser un factor de riesgo en el desarrollo de la ELA. La mayor presencia de ciertos metales en momentos concretos del desarrollo afectaría a lo bien que funcionan algunos procesos celulares más adelante. Y estos procesos serían el estrés oxidativo, la excitotoxicidad, la función de las mitocondrias… que son procesos importantes en el desarrollo de la ELA.

Los investigadores se preguntan si estos resultados permitirían distinguir entre dos posibilidades: ¿El desequilibrio en el procesamiento de los metales aumenta el riesgo de contraer ELA? O por el contrario ¿los procesos celulares que están alterados en los enfermos de ELA predisponen a que los metales se acumulen aberrantemente?

Dadas las limitaciones de este estudio, usando muestras limitadas y solo de una región estadounidense y una tecnología que no detecta adecuadamente todos los metales que podrían intervenir, los investigadores no pueden confirmar que la acumulación de metales sea una causa de la ELA. En cualquier caso, podría tener un valor como biomarcador de riesgo.

Estos resultados apoyarían la hipótesis de que el desarrollo de la ELA tiene un origen múltiple y que depende de genética, tiempo y factores ambientales. Interpretan que la desregulación de los metales, incluso a temprana edad, aumentaría la susceptibilidad a un daño prematuro en las neuronas que tendría que completarse con otros factores a lo largo del tiempo.

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