Avances en la identificación de biomarcadores para la ELA

por | Abr 17, 2020 | Investigación | 0 Comentarios

Un tema recurrente cuando se habla del seguimiento de las enfermedades es el de los biomarcadores. A mucha gente le sorprende que sea algo a lo que se de tanta importancia. Pero hay que tener en cuenta que son señales. Y las señales son importantes porque nos dicen cosas.

En medicina, lo primero es poder identificar que hay una enfermedad y cual es. En muchas ocasiones, los síntomas dan suficiente información para poder hacer una identificación correcta. Pero en otras ocasiones, los síntomas pueden ser confusos, pueden ser compartidos en parte con otras enfermedades o pueden ser difíciles de apreciar objetivamente. En estos casos, poder contar con un marcador que aporte claridad es importantísimo.

Pero no solo es importante poder identificar bien la enfermedad, también es necesario poder medir adecuadamente como progresa. Y cuanto más objetivos sean los criterios para poder seguir su progreso, mucho más fácil será el tomar medidas adecuadas.

En el caso de la ELA la falta de biomarcadores adecuados hace que el diagnóstico sea tremendamente lento y no se pueda predecir su progresión. Es verdad que está la escala ALSFRS como una referencia de como progresa la enfermedad, pero tiene un grado de subjetividad que le resta valor. Especialmente cuando el progreso de la enfermedad es tremendamente diferente entre los enfermos de ELA.

Si se pudieran encontrar biomarcadores de diagnóstico fiables, podría hacerse el diagnóstico en un tiempo mucho más breve. Con biomarcadores de pronóstico se podría predecir el ritmo de progreso de la enfermedad del paciente. Y con unos biomarcadores adecuados, podrían agruparse de una manera adecuada a los enfermos con diferentes tipos de ELA.

No olvidemos que uno de los factores que dificultan el encontrar terapias efectivas es el no poder distinguir subgrupos de pacientes de acuerdo a unas características comunes. Sin esta posibilidad, no podremos identificar si una terapia es efectiva para un conjunto de pacientes aunque no lo sea para la totalidad.

Por todas estas razones, poder contar con biomarcadores fiables es valiosísimo. De ahí que haya laboratorios en todo el mundo enfocados en esto. Recientemente se han dado un par de pasos más en la búsqueda de biomarcadores.

En un estudio reciente, han visto como algunos componentes del sistema inmune tienen diferentes niveles entre enfermos de ELA e individuos sanos. Han encontrado que los niveles de células T-helper de dos tipos (Th1 y Th17) están aumentados en pacientes de ELA. Estos tipos de células promueven la inflamación. En cambio, sus niveles de células antiinflamatorias como las Th2 y las T-reg, son más bajos.

Los niveles de células Th1 y Th17 estaban correlacionados con la escala ALSFRS y la Capacidad Vital Forzada. Por lo tanto, podrían ser indicadores de la severidad de la enfermedad.

Además, algunas de las moléculas que intervienen en la respuesta inmune mostraban diferencias entre enfermos de ELA e individuos control. Entre estas moléculas están las interleukinas 1-beta, 6 y 10 y el interferón gamma.

En otro estudio han optado por ver otro tipo de biomarcador muy diferente. Se sabe desde hace mucho que la creatinina puede ser usada como marcador de daño muscular. Pero en diversos estudios no habían sido capaces de encontrar una relación estadísticamente significativa entre pacientes de ELA y cambios en los niveles de creatinina en plasma.

Un equipo de la Universidad de Columbia ha conseguido el éxito. En sus resultados, los niveles de creatinina en plasma correlacionaban con la escala ALSFRS después de introducir algunas correcciones. Tenían que tener en cuenta factores como edad, sexo, meses después de la aparición de síntomas y crear un factor de corrección. Aplicando la corrección a los niveles de creatinina en plasma, se podía ver que por cada variación de 0.1 mg/dL de creatinina, se cambiaban 0.77 puntos de la escala ALFRS. También encontraron correlación con la Capacidad Vital Forzada.

Y otro estudio más, remarca la necesidad de intensificar los estudios de biomarcadores en exosomas. Estos exosomas son vesículas que salen de unas células llevando en su interior diversos productos. Habitualmente son usados como sistemas de comunicación entre células. Hay evidencias de que la proteína SOD1, producida por el primer gen que se pudo asociar como causa de la ELA, se encuentra en exosomas. Y se cree que puede ser una vía para la transmisión entre células de SOD1 defectuoso que forma agregados perjudiciales para las motoneuronas. Y lo mismo ocurre con TDP-43, una proteína que forma agregados en la mayor parte de los pacientes de ELA. De poder identificarse de modo sencillo y fiable la presencia de estas proteínas en su forma agregada en exosomas, podría ser un valiosísimo biomarcador.

Sin duda, cada paso que se da en el campo de los biomarcadores es importantísimo para poder tener herramientas fiables de diagnóstico, pronóstico y para poder apreciar más objetivamente la evolución de la enfermedad.

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